lunes, 23 de septiembre de 2013

Calle de las As

Por: Jorge Ruiz Barcellos
-No fue tu culpa!...- como si diera un último grito.La noche acaba cuando se consume todo en ti.Pedazos de miedo. Mis manos jalonean mi pelo hasta el cansancio, intentan cubrirme las  rayas que dibujan cárceles con mis dedos. Descubrí lo único que nunca me dejaría para siempre… la culpa.Por esos días, mis ojos andaban cansados de mirar, mi  pelo era largo y escondido en una gorrita de lana. Un pedazo de trapo me envolvía el cuello y ese palillo era un barajo dulce en la boca.Lo sé… nunca fui capaz si de tomar un puñal se trata, lo mío siempre ha sido un pedazo de papel y escribir algunos versos en números. De empuñar el lápiz a andar prendado de un revolver me dio risa de cólera. Casi nunca he tirado los casquetes de las balas que  decoraban mi habitación, por ese tiempo mi escondite quedaba en la calle de “Las As” en el pedazo de barrio que me pinto de un color distinto. En la calle de “Las As” aquella mañana fue diferente, “Yuto” mostraba ese perfil dicotómico y siniestro, podría ser un monstruo? pensé. “Maca” de blue jean apretados, exhibía en una desnudes su pecho encendido, de cabello corto, mostrando de a pocos su ternura peligrosa y rapaz, ella decidió observarse.-“Walt”!!-  me raspó con su voz.  Quise escaparme.-“Walt”!!- volvió sobre mi hombro…Una mano, dos figuras borrosas, y ojos punzo cortantes, lo dijo, lo dijo, lo digo.-El tombo! - dije por derecho absurdo.Una mano y un brazo capaces de empujarme, me tenía entre él y la pared, podía ver su rostro dibujando la ira de color rojo que quemaba. De su boca salía humo seco, sus ojos siempre dirigidos como si quisiera matarme o algo parecido a muerte… lo sentí.Pum!!, fue un golpe que rosa mis oídos, me quedé mirando algo en ese instante,  cambio todo. Me parecía o imaginaba que algo se paraba en el tiempo, lo sé porque el tiempo tiene esos detalles. Mi miedo desde el inicio se hizo tenue y se empequeñeció, como si mirara desde el rincón más chiquito.Su figura ya no era esa,  tenía blancos los ojos y alargada su sombra como cubierta por una sábana, los hombros estirados como amalgamando un desconcierto fatal. Por ese instante me sentí un humano, me acariciaba la idea de amar, pensé que podía ser piadoso, pero esa mariposa que se posó en mi hombro me dijo al oído, fuiste… casi Walt.Miré como “Yuto” desesperado jaloneaba a alguien que se mostraba tirado, “Maca” estaba parada y sus lloriqueos imitaban sollozos. Vi mi nombre y más allá me vi jugando entre las hojas de mi poemario, por lo que parecía podía creer en una especie de libertad, como si la muerte te llevara a eso… pienso en morir ?...me pregunté como si  lo creyera así sin pruebas de ello.Mis ojos!, los abro!.Abro mis ojos…Es esta mañana o algo parecido, había escapado de un largo viaje, fui hasta a esos los confines.  Miro el computador prendido, hallo escritos y líneas de izquierda a derecha;-Nombre: Waltina Herrera-Edad: 25 años,  -Profesión: escribidora,-Lugar de Trabajo: Jr. Abancay-DNI , no había sido escrito.Hoy entiendo que por alguna razón estuvo Walt en algún lugar que conocía. Soy delgada y viajo sobre  ruedas, mi universo es mi habitación, he descubierto que desplazándome frente al computador leo un nombre: “Calle de Las As” en ese instante fui testigo que el escribir es mi única culpabilidad.

sábado, 21 de septiembre de 2013

CASARATA- cuento corto

Por: Jorge Ruiz Barcellos.
A comparación del mes pasado no había tanta gente, al punto tal de que termináramos olvidados de nosotros mismos. Era una ciudad! paralela a la vieja capital con lo execrable de fuera. Mendieta, de nombre Lima, señor y amo del lugar no permitía que alguien huyera, personalmente casi se encargaba de ello, digo casi, porque…
El lugar era gobernado por El Nodo una esfera que tiritaba luminosidad permanente por ese centenar vigilante de ojos ortogonales. Se pueden ver sus cablecitos y unas siglas intermitentes que emitía ese ruido respirar. Siaf!!.   
Antes que sucediera todo conté 112 los que vivíamos entre estaciones, cubos en pisos, distribuidos por ambientes ataviados y delineados por esas filas de vitrales semi transparentes y evanescentes. Tenía todo: Snacs, perfumerías, Spas; tiendas surtidas de vestuarios, máscaras, tecnología del agrado, imágenes de las sensaciones, aquí Lima producía técnicos para liberarte del dinero, equipos de persuasión, parafernalia para olvidar la tristeza  y el dolor. La verdad y el amor eran aditamentos. Unos avisos advertían: ¡prohibido leer y saber! los plantaron como paz para quienes buscan guerra.
Dedicados a construir enormes estructuras, se nos llamaba los hombres caja. Dormíamos en el interior, las manos no nos daban para coger y los dedos se mostraban cansados y acabados por el ácido, parecían ahuecados del constante martilleo sobre el cartón. Aquí, casi olvido de leer y escribir.
Las mujeres recibían el seudónimo de Piedras, su trabajo requería más concentración, mover máquinas, empujar cajas. Cargando, cargando. Lima decía que desde su aparición ellas fueron mal tratadas, siempre son vistas como débiles no! acá eran libres?
Nadie hablaba sobre los más pequeños, los teníamos como ocultos, no sé si porque esa es una de las verdades de este relato o simplemente para protegerlos. Les decimos los meñiques. Trabajan día y noche alisando o puliendo cada tubo de cañón, los casquetes por tener el orificio reducido eran adecuados para los dedos de los niños.
Ese día, como dije, nunca más será normal en Casarata. El cerebro de todo lo que funcionaba, se apagó. Lima llamaba desesperado a todo mundo- qué alguien solucione- gritaba. Tuve que llegar con el lápiz en mano y en la otra un desarmador, por si andaba él mal armado.- La Clave. Ha desaparecido el código –dijo. Un silencio enardeció todo como si fuera hueco.- Lo he olvidado. Lo he olvidado todo- sumido esperó como un enano sobre su cama.
-Si no aparece varios quedaran fuera, sin comida, sin diversión, el espectáculo se les acabó- lo dijo muy en serio que todos nos asustamos.
-Qué lo arregle Nipkip- grita desde su habitación. ¡Qué podía hacer!.
Pensé mejor, empiezo por casa. Nó! La inmensidad me mata. Podía ser como arar en el mar. Llamé a los Caja posiblemente lo hubieran visto, o mejor aún si recordaban cómo se nombraba, cómo se escribía o cómo se hablaba. Nadie supo, todos lo habían olvidado, solo distinguían unos símbolos que llevaban en sus mangas. Indagué con las piedra, estas mujeres no entendían de qué se trataba o que era eso.
-La clave, el nombre, sin eso no tendremos nada- exclame con los ojos redondos. Ninguna comprendía lo que dije, era como extraña lengua para ellas.
Anuor, me insistió- -La clave está en el patio de letras-
No podía olvidar que él era el menor de los meñique, un grupo de niñitos extraviados y encadenados en las tristezas de la casa, la última vez que vi a Anuor fue en el fregadero de Lima, y aunque nunca antes lo interrogué, apurado me insistió
-las letras que nos servirán para leer y saber- asintió
-No hay patio ni letras- le dije con una sonrisa inesperada.
Luego corrí hasta Lima.